sábado

La Espera

  1. Dia de Espera

    - “Y bueno chicos, hasta aquí llega la clase, recuerden venir la próxima semana ya que habrá una evacuación”, termina el profesor su clase de lenguaje. Mientras yo, alucinaba y no me concentraba en mi tarea, a causa de un encuentro poco casual. Salgo de clases y miro la hora, era temprano aun, debía esperar a mi compañero que se encontraba en esos momento en otra sala. Miro el cielo, estaba comenzado a nublarse, voy a salida del colegio, no la veo, aun es temprano me dijo a mi mismo, ya vendrá. Mientras camino por los pasillos de la escuela, los recuerdos de ese encuentro me dan vuelta la cabeza una y otra vez, no se detienen, no cesan van y vienen. En la sala se encontraban dos compañeras, comenzamos una conversación sin mayor importancia mientras hacia el tiempo necesario para poder ir nuevamente a buscar en la entrada y por fin verla. Una hora mas tarde voy nuevamente al lugar de encuentro y nuevamente no veo a nadie, solo a pequeños niños que son retirados por sus padres felices disfrutan su niñez que tanto añoro en este tiempo, la gente que camina fuera del colegio lo hace sin detenerse ni un segundo, el frio ahora es mucho mas intenso del que cuando salí de mi clase. Suena el celular, es mi amigo, me pregunto si a llegado, le respondo con gran amargura y un poco de inquietud que no, aun no a llegado, talvez hay taco le dije, con la misma inquietud que le respondí el me colgó diciéndome que ya llegaría y que debería venir en camino. Ya e salido alrededor de ocho veces veo hacia el horizonte, nadie solo gente en bicicleta ,en auto, muchas micros, todas vacías sin ningún rastro del motivo de mi espera. Es tarde ya oscureció, las luces del colegio comienzan a prenderse de apoco los padres, muchos de ellos bastante jóvenes, llegan a retirar a sus hijos mas pequeños, los primogénitos en muchos casos. En ese momento escucho música, perfecto para adornar el frió y el recuerdo de ese encuentro. Llega mi compañero, nota que la espera a sido en vano que aun no llega y que debemos esperar mas, nos sentamos afligidos en la banca pensado que vamos hacer, queda poco tiempo, no tenemos tiempo, nos falta, se nos va como la arena entre los dedos, luego llega, enojado llama a una amiga, pregunta por nuestra espera, nadie sabe donde esta, lo único que sabemos los tres esque la espera fue en vano, no vendrá y que lo mas probable esque nos mintió. Igualmente decidimos ir, porque debíamos pagar las horas en el cuarto. El transporte fue rápido, no hay nada mas acogedor que un auto con calefacción en un dia en el cual el frió corroe los huesos y la melancolía esta en tu cabeza como una bala atravesada. “Come zanahoria natural, dice la niña en la radio quien hace 3 meses atrás conoció a su ídolo, que suerte aquella de haber conocido a alguien a quien se admira por su trabajo y por su persona. Llegamos a la casa, no hay nadie tomamos algo rápido y nos marchamos, en eso suena el teléfono, nos devolvemos, el dueño de casa contesta era la espera, desesperadamente nos llamaba para pedir que la perdonáramos, que no era su culpa, que mañana nos veríamos y que al cuarto debíamos ir, era ya muy tarde, no recuerdo hora, pero la sonrisa fue inmediata, no nos olvido, no se olvido. Cuelga el teléfono, al tener esa gran noticia creo que mas tranquilo nos fuimos los tres al cuarto, era bastante tarde, el frió era arrollador, llevábamos nuestros maletines y ganas de empezar, a eso de los cinco minutos caminando, llegamos al lugar, una casa común y corriente con un perro bastante molesto, nos sale a recibir un joven, con un aspecto infrahumano, nos saluda y nos pregunta que tal y nos lleva por el corredor angosto y largo, vemos rastros de materia gris en sus murallas. Llegamos, no dice, Alfredo responde esto es lo que yo siempre había soñado, entra al cuarto abraza su árbol, abre el maletín y de el saca su hacha a su vez yo hacia exactamente lo mismo. La tala dura 1 hora, justo y preciso nos vamos con sabor a sabia, enriquecidos por dentro y lleno de ganas de que sea mañana.

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